¿Cómo serían los carros si no se hubiesen inventado las llantas? ¿O el limpia parabrisas?

¿Cómo sería conducir sin espejo retrovisor o sin limpiaparabrisas? ¿Cómo sería prender un carro si no existiera el arranque eléctrico? ¿A quién se le ocurrió ponerle luces a los carros? ¿Aire acondicionado o pito? A continuación, la historia y el origen de esos inventos.

La caja de cambios
Sus inventores son dos franceses, Louis-René Panhard y Emile Levassor, quienes presentaron un diseño básico de tres velocidades en 1894, que fue el modelo a seguir.

El espejo retrovisor
Dicen que fue una mujer -nada de raro tendría-, la Duquesa de Uzés, la primera mujer en tener licencia de conducir en Francia, quien ya tenía espejos en sus carros. Pero la historia dice que el primero en usarlos fue el piloto estadounidense Ray Harrous, famoso por haber ganado la primera edición de Las 500 Millas de Indianápolis, en 1911.

Menos huesos rotos
Con una manivela se encendía el motor. Si éste arrancaba antes de tiempo, la manivela se devolvía y rompía los huesos del brazo o la muñeca. En 1912, Charles Franklin Kettering, fundador de Dayton Engineering Laboratories Co., inventó el motor de arranque que GM instaló en sus autos ese año.

Del problema de un niño surge la llanta
Una de las marcas más famosas es la de la llantera GoodYear, su nombre proviene de un homenaje que le hizo en 1898 su fundador, Frank Seiberling, a Charles Goodyear, quien inventó el proceso de vulcanizado. Lo curioso es que no fue un ingeniero el que reinventó la llanta o neumático. El hijo de un veterinario irlandés se quejaba frecuentemente porque el triciclo en el que iba a la escuela brincaba mucho por los baches de las calles de Belfast.

Ese veterinario era John Boyd Dunlop, fundador de la compañía que lleva su nombre (Dunlop Tires), quien desarrolló en 1887 el primer neumático con cámara de aire para el triciclo de su hijo de 9 años de edad. Hasta ese momento se usaban llantas macizas. Dunlop infló unos tubos de goma, los envolvió con una lona para protegerlos y los adhirió a las ruedas del triciclo. Dunlop patentó su idea, no sin antes librar una dura batalla legal.

En 1891, los hermanos André y Edouard Michelin inventan el neumático desmontable. Y en 1910 aparecen los primeros ‘rines’. En 1937, Michelin crea la carcasa de acero y nueve años después patenta la llanta radial.

Un músico, el inventor del pito
Un empresario, aficionado al trombón y apasionado por los autos, fue su inventor. En 1900, Claude H. Foster, fundador de Gabriel Horn, creó una bocina multi-tono, con base en el concepto de un trombón. Lo llamó la ‘La bocina Gabriel’. Era un claxon fijado a la carrocería y alimentado por los gases del escape, que años más tarde se reemplazó por un botón de presión.

Cubos de hielo, el primer aire

En carruajes tirados por caballos, en 1884, William Whiteley puso cubos de hielo en un contenedor debajo de la cabina. Se soplaba aire con un ventilador y se obtenía un ‘ambiente fresco’. En el auto, el contenedor se cambió por una cubeta en el piso. Luego apareció un sistema de enfriamiento por evaporación, conocido como ‘Wheater Eye’ (ojo climático).

El sistema fue inventado por la compañía Nash. El primer auto con un sistema parecido a los actuales fue el Packard 1939.

Las luces: de la mecha al LED
Al principio, los carros no tenían luces. Las primeras eran lámparas de mecha que utilizaban aceite, como las que tenían los coches de caballos. Las primeras lámparas eran colgantes y se instalaron en un Peugeot de 1904 pero no eran eficientes. El desarrollo siguió y, ocho años después un Cadillac usó los primeros focos que le dieron luz propia al automóvil gracias a una batería y un generador eléctrico. En los años 30 se le agregaron dos luces más al automóvil, ubicadas en el parachoques delantero. Las luces intermitentes se instalaron en 1951 en un Ford Taunus. En 1962 aparecen las luces halógenas, en los años 90, Hella crea los faros de Xenón, y en el 2003 presenta las luces LED (‘Light Emitting Diode’).

El limpiaparabrisas, invento de una mujer
Al igual que el neumático, la idea surgió de una mujer observadora: Mary Anderson. En 1903, la señora Anderson estaba de vacaciones en Nueva York, en plena época de invierno. Un día, al subir al tranvía, notó que el conductor se detenía cada rato a limpiar el agua y el hielo del parabrisas. Al día siguiente comenzó a trabajar en su invento.

El dispositivo inicial era una lámina de goma unida a un brazo metálico por medio de resortes y con una conexión que permitía accionarlo desde la cabina a través de una palanca. Pocos creían en su invento y tuvo problemas para patentarlo, pero apareció Henry Ford, a quien el diseño le pareció útil e innovador y de inmediato lo montó en los Ford T con parabrisas.

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